Se hace la remake de "La Banda del Golden Rocket". A vos, ¿cuál te gustaría que vuelva?

octubre 15, 2012

REHÉN

Recuerdo que al otro día era carnaval. Y que lo vi y me enamoré. Cortito al pie, sin vueltas. ME-E-NA-MO-RÉ.
Nunca siquiera me miró. Bah, me miró mal para que me corriera de su camino; pero lo que se dice mirarme, no me miró. Nunca. Ni una vez.
Yo estaba indignada, porque no sabía qué hacer ya para que siquiera me dijera "córrete".
Entonces, luego de esbozar un esquemático plan, lo deduje. Debía raptarlo.
Era claro, era simple. Raptarlo y esperar a que sufra de síndrome de Estocolmo.
Si desea salir airoso, deberá colaborar. Deberá amarme.
Preparé todo. Había conseguido cómplices y todo. Lo esperaríamos a la salida del cheboli y lo amordazaríamos y le cubriríamos la vista. Lo mantendría en cautiverio en un salón de fiestas abandonado que hay a una cuadra de casa. Le preparé un catrecito, un mate y un mazo de cartas para que no muriera de embole.
Pero algo salió mal.
No había reparado en la posibilidad de que uno de mis cómplices se bebiera y confesara nuestro plan.
Eso fue lo que sucedió. Uno de los bastiones más débiles de mis flancos se tomó tres Campari y un fernét y sopló.
Dieron aviso al 911 y la policía me vino a buscar.
Luego de tomarlo de rehén utilizando un arma blanca, que resultó ser la botella de Campari que arruinó todo, y después de que la cana garantizara mi seguridad apersonando a Crónica TV, y mientras me subían al patrullero, le confesé mi amor al grito de "aguante Pappo y aguanten tus viejos que te hicieron tan lindo"; porque era LINDO. Treinta y dos personas agradecieron que el RENAR no me dejaba portar armas.
Estuve detenida e incomunicada veintitres días, hasta que el susodicho me retiró los cargos con la condición de aceptar una orden de restricción.
La culpa es suya, por ser tan lindo.

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