Se hace la remake de "La Banda del Golden Rocket". A vos, ¿cuál te gustaría que vuelva?

agosto 11, 2008

MI NOVIO CASIMIRO

Casimiro y yo éramos tal para cual. Y hay que ser tal para cual de alguien llamado Casimiro. Es como llamarse Geraldina o Irupé (y conozco gente llamada así, que encontrar su media naranja les cuesta el doble). Imagínense lo que fue presentárselo a mis viejos:
-"Mamá, papá, él es Casimiro"
Si tienen padres como la gente, éstos sólo se reirán por dentro (porque yo tengo muy en claro que cuando le digo a la gente que mi novio se llama Casimiro se rie por dentro) pero, si tienen padres como los míos, éstos se le reirán en la cara al pobre tipo, hasta el punto tal de señalarlo con el dedo y mofarse de él, repicando las manos sobre alguna superficie, como puede ser una mesa.
Igual, Casimiro es un tipo que está más allá del Bien y del Mal (tuvo que aprender a estarlo, se llama Casimiro). Casimiro todas las mañanas me prepara jugo de naranjas, recién exprimido. A él le gusta llamarlo zumo, sus papás son españoles y hasta los 14 años no perdió el acento que escuchaba en su casa. Y mientras tomamos el zumo, casi siempre en la terracita, Casimiro me cuenta sus planes.
El plan más grande y ambicioso de Casimiro es cambiar el meridiano. Si, desea que el de Greenwich sea trasladado en importancia a un nuevo meridiano que separara Occidente de Oriente a la Feliz, es decir, a Mar del Plata.
-"¿Te parece, Casi, no será mucho?"
-"No, yo creo que es perfecto. Los paralelos, meridianos y trópicos ya pasaron de moda, hay que renovarlos. Aparte, es la Ciudad Feliz, por ende los días siempre comenzarían alegres, divertidos. ¿Acaso hay algo más importante, María?"
-"Si, el carnaval"
-"Pero lo hacemos también en La Feliz. Matamos como 20 pájaros de un tiro"
Y así, mi novio Casimiro empezó a juntar firmas para cambiar el meridiano. Juntó doce (las de sus viejos, las de los míos, unos amigos y una señora a la que le tuve que comprar su firma).
Así y todo, Casimiro no claudicó. Armó un mail, un sitio web, juntó todo lo que pudo y un buen día se fue al Congreso, a pedir que se abra un proyecto de ley. Ni pelota le dieron.
Pero siguió sin claudicar y de ahí, derechito se fue a la Embajada de Estados Unidos. Primero paró en un chori-listo, porque ya eran como las dos de la tarde.
En la Embajada lo atendieron al tiro. Lo hicieron pasar a él y a todas sus carpetitas al despacho de alguien. Cuatro monos lo esperaban; lo golpearon, le robaron las carpetitas y lo invitaron a retirarse.
Casimiro, luego de ese día, ya no es el que era. Dejó todos sus planes, hasta el más ambicioso y se puso a laburar en una empresa de artículos para mascotas.
Si, se pasó del lado del sistema.

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